miércoles, 9 de diciembre de 2015

El Perú está calato (Carlos Ganoza y Andrea Stiglich)



Debo confesar que siempre, desde que la escuché por primera vez, me sentí incómodo con la frase "el milagro económico peruano". Primero, porque, poco o mucho, no lo hizo nadie por nosotros y nada tiene que ver la magia con esto; y segundo, porque ha habido crecimiento, sí, pero no desarrollo ni mucho menos una gran transformación.

Pero no podía decirlo en voz alta. Hasta hoy que Carlos Ganoza y Andrea Stiglich nos dicen que "el milagro económico" tiene una buena cuota de espejismo, de una mentira que hemos querido creer.

¿En qué se basan para aseverarlo? 

Lo de milagro, explican, nació de una frase afortunada en el discurso de un embajador de los EEUU en el Foro Apec el año 2007. Y nos la creímos. No puede haber un milagro, dicen los autores, en una economía con baja productividad, salarios precarios y alta informalidad, un Estado incapaz de imponer seguridad, partidos políticos débiles y poderes del Estado deslegitimados. Cinco situaciones, cinco verdades amargas, cinco trampas que nos están haciendo despertar de nuestro sueño. Y te explican por qué. Con mucha claridad. Cinco trampas que no te voy a explicar para que leas pues.

Pero te voy a dejar unas reseñas más completas para que te hagas una idea del sabor que tiene la manzana de Adán (y porque se que no lo va a leer, pillín):
http://blogs.gestion.pe/laeconomiadelainclusion/2015/07/el-peru-calato-y-la-inclusion-social.html
http://semanaeconomica.com/elperuestacalato/2015/06/20/jaime-de-althaus-responde-el-peru-no-solo-crecio-por-el-boom-minero/

¿Ya las leíste?

Bien. Ahora yo te contaré cuál fue la parte (o trampa) que más me gustó. Fue la cuarta: "Los partidos perdidos", que los autores encabezan con una frase de Groucho Marx: "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros".

Es estupenda las descripciones que hacen Ganoza y Stiglich de los bandidos sedentarios y los bandidos pasajeros.

Los primeros son los políticos corruptos que hay en toda  organización partidaria estable que, de una u otra manera, deben rendir cuentas y asumir –como organización- los pasivos de su gestión. Los segundos son los independientes corruptos, como el ex presidente regional de Ancash, Carlos Alvarez, que llegan al poder para literalmente "cargarse las arcas del distrito, provincia, región o país" en camionadas). 

Los primeros son malos, sostienen, sí, malos. Pero los segundos son mucho peor. Son muy malos. 

- ¿Más malos que los desgraciados de la señorita Laura? 
- Sí, más malos. 
- ¿Más que Mascaly y sus chacales? 
- Sí.
- ¿Que Voldemort, que Saurom, que Gollum? 
- Sí, mucho más. 
- ¿Más que Joffrey Baratheon y su mamá, la tía buenaza de "la Cersei", en Juego de Tronos?
- Sí, más malos aun. 
- ¿Más que Soraya cuando agarro a cachetadas a la "maldita lisiada"? 
- Noo... tampoco tanto. Soraya es insuperable.



Pero, bueno, los partidos, piensa uno al terminar de leer la cuarta trampa, aún con sus problemas, son preferibles a esos bandidos pasajeros. ¿No estás de acuerdo? Espera, léelo y hablemos.

Este libro no es apto para quienes creen que en el Perú estamos viviendo un milagro y que, en consecuencia, ya nos hemos ganado la salvación. ¿O tal vez sí? 

Es un libro estupendo, claro y contundente. No es un tratado de economía ni un ensayo con lenguaje de politólogo alemán tipo Habermas. Es una obra pequeña en tamaño pero gigante en su capacidad para comunicar de manera simple y llana, las trampas que nos acechan.

A pesar de todo, terminan diciendo, hay esperanza. Pero no será un milagro. Será trabajo duro para evitar caer en el abismo de las cinco trampas, y construir instituciones.

Con un título y una propuesta provocadora, es una lectura imprescindible para calentar motores antes de que empiecen las campañas electorales de verdad.




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